lunes, 12 de noviembre de 2012

Improvisando

Escribo sin pensar en que escribo ni en qué escribo. Saco los cascos del bolsillo y deshago con cuidado los nudos de la vida mientras estoy en otro lugar, etéreo. La vida es un lío donde hay que saber elegir, y en cada paso se abren mil realidades plasmadas en nuevos multiversos que están presentes en mi alma. O en el mundo, ya no lo sé. El alma. Palabra que se debe usar con cautela, el alma. Es como el que todo lo ve pero no participa en nada, un observador de lujo que no altera el orden de las cosas, pero está. O son simples conexiones neuronales con ganas de jugar. Quién sabe. Podría pensar que todo está dentro de mi cabeza, producto de sueños y alteraciones que, sin embargo, no entiendo. La realidad es que mi realidad no existe, pero sí existe. La realidad es que veo lo que quiero ver. No, no lo que quiero ver, lo que tengo que ver. Soy un punto remoto y débil en un enorme entramado, soy el enorme entramado de un punto remoto y débil. A veces llueve. Dentro y fuera. Y no estoy seguro de que sea agua. A veces llueve y erosiona el alma. O afecta a la sinapsis. No lo sé. Pero llueve, y no me gusta. La realidad se distorsiona aún más y las cosas se distancia hasta sólo verlas con prismáticos. La realidad es que las paredes se derrumban y yo no quiero huír, sino sujetarlas. Y no con las manos. Con la mente. Telequinesis. Cierro los ojos para concentrarme, para dar paso a un nuevo día y una nueva noche donde se haga mi justicia. La realidad.

lunes, 29 de octubre de 2012

Es el final. O no.

Me aferro al boli como quien se aferra a un clavo ardiendo del que pende mi alma, a la desesperada, como último recurso. Lágrimas azules sin sangre de príncipe recorren un blanco desierto yendo a morir en cada frontera, en cada nuevo margen. Busco el camino, la ruta de escape que entre por tus ojos y germine en tu intrépido espíritu haciéndolo caer de nuevo en el único fuego más rojo que el infierno: La pasión. Después de ver arder las sábanas mil veces necesito una más. Y otra, y otra, y siempre a tu lado, princesa. Envueltos en llamas en una combustión rápida provocada por la gasolina que bombean nuestros corazones vivosy latentes al mismo compás, frenética fuga. Tan simple y tan complejo como un reloj de bolsillo.Y nuestro reloj ha perdido la hora y el ritmo, ya no marca como quisiera. Ahora lo cojo con la delicadeza de un relojero, para engrasarlo y reparar los desgastes del tiempo, nunca mejor dicho. Veremos si tiene arreglo. Siempre.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Estrella.

Caminaba bajo la luz de la luna que iluminaba su camino mientras observaba las constelaciones y sus formas, dioses que nos señalan. Un universo minúsculo para un hombre triunfante, así se sentía. Caminaba seguro, firme y decidido, con su mirada al frente, altiva como la que más, centrando sus pensamientos en un único objetivo: “La creación”. Dios de un nuevo mundo en que no existía lo malo, pero tampoco lo bueno, sólo verdad absoluta bañada de ruda justicia. Eso quería. Eso sería. Eso fue. Un Dios. Cuando una piedra se interpuso en su camino no tuvo más que saltarla y seguir, sosegado, sereno, inalterable. Pero tropezó, y empezó a llover, y un gran jarro de agua fría golpeó su espíritu. Un universo enrome para un hombre derrotado, así se sentía. En cada sombra hay una luz y un obstáculo.

martes, 3 de enero de 2012

Edén.

Mientras pensaba en ti me perdí por un camino de oro y rubíes donde cada adoquín tenía su propia personalidad, donde cada pisada nunca podía ser un paso en falso. Cruzaba un frondoso bosque, limpio y puro como el agua de lluvia mágicamente filtrada en el terciopelo de tus cabellos, y un agradable aroma a jazmín inundaba mi olfato llenándome de paz. Una suave brisa conducía las notas más dulces jamás escuchadas por un mortal, interpretadas con gracilidad por tus cuerdas vocales, armonía de dioses.

Descubrí un edén exclusivo y único por el que vale la pena morir, pues en él cada gesto se ve recompensado con el máximo placer que son tus labios. Y aunque viva enamorado y la pasión quiera ser dueña de mis decisiones, habrá valido la pena si puedo tenerte aunque sólo sea una vez más.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Ícaro.

Un corazón herido agoniza mientras las carcajadas de la multitud siguen abriendo la herida, la confianza restante se tambalea y el cuerpo cae en un pozo de whisky y desesperación. Así me siento.
Difícil explicación tiene. O mejor dicho, difícil que yo la acepte. Y sin embargo aquí sigo, testarudo en mi lucha tras perder una y mil batallas, con una espada mellada y un escudo hecho a base de orgullo resquebrajado. Difícil explicación tiene, pues más intrincado resulta sabiendo que esta guerra nunca pasará a la historia por épica y que, si soy yo quien pierdo, mis ruinas no recibirán gloria alguna.
Tratando de descifrar el Caos recorrí tu cuerpo sin dejar más huella que el recuerdo de un suave tacto, sabiendo que a la mañana siguiente el sol te tendría envidia por radiante. Logré huir del laberinto del propio Dédalo sorteando falsas pistas, guiándome por el cielo que son tus ojos y el latir de un corazón lejano. Y los latidos se intensificaron hasta turbar mi mente, ya no pude oír nada más.
Hoy, temo haber sido ambicioso en demasía. Quise volar alto, muy alto, pero la cera de mis alas se derrite tan presurosa como los recuerdos sobre Ícaro afloran.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Como el sol.

Las nubes se arremolinan removidas con cuchara mientras lloran suavemente, pretendiendo que nadie se percate. Es todo un espectáculo para la vista. Para la mía, digo, que he logrado apartar mis manos y ver más allá, aún más, al distorsionado infinito.
Sus saetas giran contrarias porque algún loco se lo ha ordenado; y no miro a nadie. Quién fue capaz nadie lo sabe; pero quien quiso pudo, y sin demasiado ahínco. No necesitó demasiada fuerza de voluntad, sólo la suficiente para volar e inclinarse al borde de un abismo llamado Universo. Después, todo se complica.
Sangre saliendo de las cuencas tras conocer el verdadero horror, el óbito de las mentes, la auténtica hecatombe. Y delante, una fácil huída junto a una difícil decisión: el regreso al infierno velado o una vida funambulista sobre su filo. Y un constante por qué.

La respuesta acertada se oculta mientras millones forman el frente, ambicionando satisfacer las urgencias de incautos y no tan incautos. Conocen su poder, y no necesitan armas letales para mostrarlo. Maquilladas bajo recias máscaras de ideales pueden conquistar el mundo, muy a mi pesar. Sin sentir la palabra “créculo”, los esclavos arrastran la carga con una sonrisa de complicidad.

Agito mis alas.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Historia de una y mil vidas.

Y así llegué aquí para quedarme. Después de un penoso camino, de un viaje interminable por tierras desconocidas y peligrosas, me encontré con este idílico lugar. Y decidí que este era mi sitio.

Desde aquella, día tras día me siento en mi butaca a ver pasar el tiempo. Cómodo, tranquilo y sosegado, como debe ser.

Por mí no pasa el tiempo, o al menos yo no lo percibo. Realmente no puedo decir que pase, pues me mantengo invariable en la calidez de este mi hogar. Te gusta, ¿verdad? Como debe ser. ¿Quién no había de querer algo así? Sólo un estúpido saldría afuera pudiendo vivir sin ajetreos, sin luchas vanas por grandes conquistas demasiado alejadas de la realidad.

No. Yo no deseo salir de mi hogar. Mi burbuja. Mi máscara.

El mundo está loco. Yo vivo cómodo, tranquilo y sosegado, como debe ser.

Y así llegué aquí para quedarme. Después, perdí mi personalidad.