lunes, 29 de junio de 2015

El escritor triste.

   De qué material estarán hechas las palabras para que, dependiendo de su uso, adquieran tan distintas propiedades.
   He visto cientas siendo arrastradas por la más leve brisa a lomos de un diente de león, tan livianas que podrían posarse sobre cualquiera sin perturbarlo en lo más mínimo. Hay otras que caen y ya nadie nunca será capaz de levantarlas destruyendo aquello donde se posan pero sentando nuevas bases.
   Hay palabras que no serían capaces de romper una pompa de jabón, pero también que desgarran escudos e hieren al más protegido.
   Palabras nube de azúcar, sabor limón e incluso whisky reserva; palabras con materia, toda ellas.

   De qué material estarán hechas las palabras para que puedan llegar a tener un valor tan alto, altísimo, del precio de las emociones. Y a pesar de todo nunca deberían ser vendidas.



   Dulce e irónico castigo el del escritor que quiere regalarlas y se ve obligado a vivir de ellas. Yo no quiero hacerlo; tampoco morir de hambre.  

viernes, 26 de junio de 2015

Leer es de maricas.

Sólo hay una pasión que me mueva: las fiestas que se van de madre.
Varios litros acompañados de alguna línea que otra siempre gustan, y deseando que terminen con una sesión de descoordinado sexo. Coger el coche sin casi saber que hay que girar la llave para salir quemando rueda es ya un clásico.
Al día siguiente, por supuesto, hay que depurar el cuerpo en el gimnasio. Musculatura, el resto es perder el tiempo. Las piernas tampoco importan mucho.

Soy un triunfador y en mi puta vida he abierto un libro. Ya sabéis, leer es de maricas.

domingo, 31 de mayo de 2015

Plácidas vacaciones.

Aún hoy recuerdo nítidamente aquellas tardes de agosto del 94 en las que bajar a la playa no era más que una excusa para estar con ella.
Día tras día nos encontrábamos para bañarnos juntos en las frías aguas de Viveiro, poder rozar nuestra piel, sabiendo que no sería más que los prolegómenos desencadenantes de la pasión, y huir en mi pequeño Renault Clio por alguna discreta pista que nos llevase al placer.
La desnudaba rápido pero con dulzura, pues la tensión ya no me permitía más calma, y recorría cada esquivo rincón de su sensual cuerpo. Ella, con mucho más sosiego que yo, desabrochaba mis botones y me despojaba de la ropa, preparándose para ser penetrada.

Y aún hoy escucho sus gemidos. 

domingo, 17 de mayo de 2015

Muerte y destrucción.

Escribo con la titilante luz de la hoguera donde arde la cultura sabiendo que a este folio le quedan pocas horas de vida. Afuera, calentándose con el fuego de unos libros que se niegan a arder, me esperan pistola en mano. Sucios fachas.
En esta crisis, no económica, se derrumba todo aquello conocido para cuadrar la esfera del mundo. Yo mañana me pondré la careta de androide y saldré a la calle rogando clemencia por haber sido un soñador que no supo seguir su adoctrinamiento, tan sólo un pobre iluso.
Cuando mis palabras arden, mis ideas se consumen, y así jamás podré volver a pensar como un día lo hice.
Hoy, todo está perdido. 

Da igual, hace tiempo que vendí mi alma al diablo.

jueves, 30 de abril de 2015

Trece

El hada de Bukowski me ha señalado el camino y éste se pierde entre los hábiles pasos de un colombiano que sabe bailar mejor que yo. Lo sé, aquí no compito, ni lo pretendiera.
Miro cuál es la mejor vía para llegar a tu corazón en un mapa blanco donde los únicos cruces posibles son los de nuestras miradas, que se antojan lejanos. 
El coche en la reserva.

viernes, 24 de abril de 2015

Feliz Día del Libro.

No necesito esas encuadernaciones de tapa dura y diseño cuidado. Ni el título, ni el nombre del autor. No necesito ilustraciones ni prólogo, ni tan siquiera una letra pequeña.
A veces basta con abrir un libro, olerlo, y echar a volar.

sábado, 18 de abril de 2015

Romanticismo de incógnito.

Aquel día desperté con olor a café recién hecho. No conocía el cuarto donde me encontraba ni recordaba apenas nada de la noche anterior. La cabeza me daba vueltas y en mi garganta todavía podía saborear aquella ginebra sin marca que desgustara en el Parque de Rosalía y que, sin lugar a dudas, me había conducido a aquella extraña situación. Hoy debo darle las gracias.
Por la puerta entró ella, mujer sin nombre para mí, cubriendo su cuerpo con tan solo un culote naranja durazno. Grandes senos al descubierto que contemplaba maravillado, y anchas caderas que me hipnotizaban con su baile. 
Traía una bandeja con un desayuno que nunca probaría y las mejores intenciones. Bendita su boca y "malas" artes.